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EL PIRINEO ARAGONÉS >> MIGUEL ÁNGEL DOMEC

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MIGUEL ÁNGEL DOMEC Imprimir Correo electrónico

Muy personal

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Miguel  Ángel  Domec  Urieta (Sallent de  Gàllego 1942 ) es el menor  de doce  hermanos. En 1952 ingresó  en el  Seminario  Conciliar   de  Jaca y es además Licenciado en  Ciencias  Sociales  y Filosofía y Letras por la   Universidad  Pontificia de  Salamanca, y Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por  la   Universidad Complutense de  Madrid.

Junto a su dilatada labor como docente, en la actualidad es párroco de la Catedral de Jaca.

Su actitud de compromiso le ha llevado a poner en marcha proyectos de Cooperación. En los últimos quince años ha coordinado proyectos en el Altiplano boliviano en colaboración con los Ayuntamientos de Sallent de Gállego, Panticosa, Biescas, Sabiñánigo y Caldearenas, así como la Fundación Juan Bonal, Rol de Arte, CRA de Biescas, el Mercado de Verano de Jaca  y otras instituciones. De su mano el Ayuntamiento de Sallent ha apoyado la construcción de un hospital en la ladera Oeste de La Paz (Bolivia) así como un comedor en la Ciudad del Alto que se sostiene gracias a donativos particulares.

En nuestra charla preliminar manifiesta su asombro, llegando a afirmar que no considera su biografía suficiente para la entrevista. En una nota manuscrita, descubro en su caligrafía, que escribe con minúsculas hasta lo más mayúsculo; vive libre de todo ego. Me  quito por ello el sombrero, ese que cubre mi rostro en la fotografía, entramos a templar velas y zarpamos.

¿Cómo transcurre la infancia entre once hermanos?

Fue una riqueza, siempre me he considerado un privilegiado. Fui el último hermano y en un pueblo eminentemente rural; en mi casa teníamos un rebaño de ovejas y hacíamos la trashumancia, campos con cultivos de cereales… Bajo esta dimensión viví el contacto con Francia ya que mi pueblo es frontera. El ambiente familiar me marcó tremendamente, sobre todo mis padres y un tío, el famoso tión, a los que hay que hacer justicia. Cuando mi familia volvía de la trashumancia nos contaba asuntos de otros pueblos…, sin duda todo ello enriqueció mi infancia.

¿No cree que en nuestra sociedad hay mucha teoría de lo social pero siempre se mojan los mismos?

Yo hago de puente entre aquí y allá, pero los que tienen merito son los que están en el lugar. No solo están, si no que viven con ellos y como ellos. Quien va temporalmente, tiene una Visa, puede acudir a una clínica privada… pero quienes viven allí son admirables, sobre todo los misioneros. Aquí se habla, se dan charlas, es  cómodo y gratificante pero lo meritorio es lo que  hacen allí donde mucha gente anónima trabaja en ámbitos en los que no se sale en los periódicos.

En España también hay comedores sociales y, por cierto, desbordados.

Ahí está Cáritas y en otros lugares Manos Unidas y San Vicente de Paul, de los que podemos estar orgullosos; hacen una tremenda labor. Es cierto que, con la crisis que estamos sufriendo, corremos el riesgo de olvidarnos de los países necesitados.

¿Qué le ha llevado a países como Bolivia y Perú?

Una de las Hermanas, entonces directora del Colegio Santa Ana de Sabiñánigo pidió voluntaria ir a las Misiones y la mandaron a Bolivia. Yo le seguía escribiendo y cuando terminé Sociología quería ir a un país del Tercer Mundo, y atraído especialmente por la civilización Inca no lo dudé. Fui y me tocó profundamente. Vivía a 4.200 metros, en invierno crudo, sin calefacción. Fui a Mi Casa, una institución que recogía niños de la calle y en la que trabajaba un chico cuyos padres eran de Sallent; cuando ví su acción se me cargaron las pilas. Yo tenía una bolsa de agua caliente con cuya agua me lavaba después la cara y los dientes. Pensé que me moriría pero ¿si aquellos niños sobrevivían porque no iba a hacerlo yo? y me quedé. A pesar de conocer Machu Picchu el mayor impacto fue ver el cerro de Potosí, donde se encierran siglos de la historia de España.

¿La iglesia está lejos de la sociedad o la sociedad lejos de la Iglesia?

El rostro más hermoso es el que aparece en estos países, en quienes están con ellos y viven como ellos. ¿Qué entendemos por Iglesia?. Pensamos en la iglesia de los Obispos, el Vaticano… pero está ahí ese  otro rostro de la Iglesia solidario, cercano,  que aparece poco en los medios de comunicación. La Iglesia necesita reforma y purificación como todas las organizaciones y personas, pero pienso que a la hora de la verdad, cuando nadie da el callo, la Iglesia es la primera que aparece. Ojala que la sociedad se encargará de todos los aspectos solidarios y de ayuda, pero hay espacios donde la sociedad y el Estado no llegan, y ahí está la Iglesia. Creo que en las diócesis y parroquias pequeñas estamos muy abiertos y cercanos a los demás.

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¿Goza de sentido del humor?

Mucho. Para quienes vienen aquí con algún problema no se les suministra medicación; ojala existiera una pastilla que resolviera los problemas. Aquí encuentran ánimo, alegría y esperanza. Mucha gente cuando se va, me dice ¡al menos me has hecho reír!. Hay que buscar lo mejor que tenemos, y el humor es imprescindible. Cuando alguien me pregunta ¿tú que tienes en la mesilla de noche, los evangelios?, pues no, también leo a Mortadelo y Filemón.

¿Le inquieta la muerte?

(Rotundo)No tengo miedo a la muerte. A medida que te haces mayor lo que más te preocupa es la enfermedad y el sufrimiento, pero la muerte no. No por ello le resto importancia: pese a nuestra gran racionalización la vida y la muerte son un misterio. Tampoco me preocupan en exceso los errores, porque normalmente, con el aprendizaje se reparan. A lo largo de mi vida he encontrado el sentido a vivir y también el sentido a morir, que era lo que, quizás, durante un tiempo más me preocupaba. Ahí he descubierto la felicidad; la actitud que adoptas ante todo lo que vives. ¿La muerte?, se reduce a algo así como ¿ya estás aquí?.

¿Qué le inquieta en este mismísimo momento?

Lo que más preocupa es lograr hacernos la vida posible y mejor. Nadie pensaba que esta crisis llegaría y aquí está. Es un buen momento para procurar ánimo e ilusión y sensibilizarnos ante todo lo maravilloso que tenemos a nuestro alrededor. Para colmo nos ha cogido en un momento en el que somos muy materialistas, muy duros de corazón y muy insensibles. Habría que hacerse expertos en facilitar la vida a los demás. Por cierto ¿ha probado usted los calamares del Pirineo?

Me está usted tomando el pelo.

En absoluto, si me acompaña se lo puedo demostrar.

No opongo resistencia a tan peregrina idea. Recorremos la calle del Carmen al tiempo que me pregunto, en una impronta de ingenuidad, ¿en qué “mar” del Pirineo se pueden pescar calamares?.

Pues sí, en el Pirineo, en el bar de ese nombre, nos sirven una crujiente ración de calamares acompañada de su inseparable “guasillo” un fino vermouth. Una locuaz y animada conversación se extiende a lo largo de tan exquisito aperitivo. Miguel Ángel Domec se aleja calle arriba. Yo me pongo el sombrero, ese que me he quitado para reverenciarle y camino en dirección contraria. A pocos pasos escucho de nuevo su voz.

Ah, hay que ir al Carnaval de Oruro en Bolivia.

!Siempre quise ir, allí le emplazo!

Las voces se enmudecen, se pierde el eco de los pasos y como en los entremeses cervantinos que brotan en las calles y plazas, así en la calle del Carmen cae un tenue telón que anuncia el final de la acción.

© CORAL PASTOR

 

 

 

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