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FRANCISCO FERRER LERÍN Imprimir Correo electrónico

Muy personal

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Tras el encuentro a la hora acordada con Francisco Ferrer Lerín (Barcelona 1942), intuyo que, salvo la extensión de papel que precisaré para la introducción, lo demás vendrá  rodado. Hay fluidez en la comunicación, sentido del humor y espacios blindados que se abren sin pudor. Decido posponer la presentación de su obra literaria y descender, sin preámbulos, al escenario del interrogatorio.

 

El texto más corto que recuerdo pertenece a un crítico musical, quién tras asistir a un concierto en París, tan solo escribió en su reseña: “excelente”. Si tuviera que presentarle con una sola palabra ¿cuál sería?

Polivalente o poliédrico, porque he abarcado en mi biografía muchos campos.

Los italianos dicen “lui fa il regista”; el hace, no él es. En la extensa miscelánea de su actividad: licenciatura en filología hispánica, protección de aves rapaces carroñeras, traducciones, lingüística catalana, poesía… ¿En cual de ellas es usted?

Probablemente en todas, aunque en este momento estoy centrado en la literatura. El mundo de las aves lo tengo casi como un pasatiempo al que le dedico algunas horas.

En sus biografías en circulación aparece el poker como una dedicación. ¿Es usted profesional de este juego?

Hace cinco años publiqué una novela de carácter autobiográfico (Níquel), en la que el protagonista, que algunos han identificado con el autor, tiene unos lances de carácter “pokerístico” y muchas personas me han relacionado...

¿Quiere decir que le ha ocurrido a usted como a Vázquez Montalbán y las aficiones gastronómicas de Carvalho?

En efecto. A cada personaje interesa colgarle una aureola.

Alguien ha definido El Bestiario como monumento de erudición filológica escrito por un relevante poeta contemporáneo. ¿Ante tanto elogio se puede ser crítico?

Yo soy absolutamente crítico, creo que debemos ser críticos. En cuanto a El Bestiario, no se si es un monumento a la erudición pero sí que me ha llevado muchos años confeccionarlo. Es fruto de mi tesis doctoral. Durante más de treinta años lo he ido arrastrando, modificando… Carlos Barral lo tuvo un tiempo encima de su mesa y al cabo de tres décadas sale en el 2007 con Galaxia Gutenberg. Es una obra con muchos elementos sacados de diccionarios, de manuales… , es un trabajo casi de corte académico. Ahora, en estos momentos, estoy circulando por otros caminos dentro de la literatura.

Desde el pensamiento binario,  en el que sólo existen dos lateralidades y una fácil predisposición a definir y juzgar, en ocasiones la etiqueta nos impide acercarnos libremente a la obra; tal es el caso de Unamuno, Borges… ¿Cree que existe otro sistema de pensamiento? Dígame cuál que quiero apearme de éste.

Indudablemente, ya que cita a Unamuno, él afirmaba que a los españoles nos gusta etiquetar, tener a todos clasificados. Estoy trabajando en estos momentos en la Biblioteca Municipal de Jaca porque hace unos años la viuda de un renombrado falangista jacetano realizó una serie de donaciones entre las que se encuentra la revista Vértice, que empezó a publicarse en España en 1937. Dejando a parte que físicamente es una revista espléndida, los contenidos sorprenden. Hay una buena parte de sus colaboradores catalogados desde siempre falangistas como Dionisio Ridruejo, Giménez Caballero…, pero muchos otros que se nos vendieron como progresistas en los años sesenta están todos allí. En la publicidad que se inserta en esta revista, fundamentalmente catalana y vasca, están las empresas de la alta burguesía que más tarde hicieron las apuestas por el catalanismo, por el vasquismo y por lo que se ha identificado, seguro que erróneamente, con la izquierda. Creo que sería muy importante que no tuviéramos que situarnos nunca, que cada uno hiciera y dijera lo que le viene en gana sin la necesidad de clasificar a nadie. Comprendo que determinada gente que entra en política, cuida mucho las apariencias. Haber militado o defendido cualquier manifestación de aquella época te marca para toda la vida, y eso es realmente absurdo.

Borges, ya que usted lo cita, para mí es mi padre, mi madre… Yo no comulgo con su ideología y con muchas de sus manifestaciones políticas, pero eso no tiene nada que ver con su obra. No debemos anteponer el pensamiento político a la creación literaria.

Yo huyo de las etiquetas porque uno es muchas cosas al mismo tiempo.

¿Alguna receta para combatir esta actitud?

Tener una mirada más crítica, con más distanciamiento y sobre todo propiciar la ironía y el humor, sin perder la perspectiva de cómo eran las cosas en cada momento.

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En Papur (Eclipsados 2008) narra tres sueños. ¿Qué nivel de importancia ocupan en su vida?

Ha habido temporadas en las que he logrado controlar los sueños. Me metía en la cama y lograba conectar el sueño que se iba a producir con el de la noche anterior. En este momento estoy recuperando sueños que sucedieron hace mucho tiempo, pero albergo la duda de si eran sueños o cosas que habían sucedido. Estoy circuncidado, Ferrer es un apellido de oficio, Lerín procede de una villa Navarra con una importante judería…, en realidad con Papur pretendo recuperar mis raíces judías.

¿Considera que falta alguna aportación artaudiana, agitación, provocación?¿El happening ha muerto?

Creo que estamos en la etapa de los parques temáticos y de una simulación Light. Artaud y estos movimientos que usted cita eran más ácidos, más cáusticos y creo efectivamente que habría que volver a ellos. Si usted procede del mundo del teatro sabe que todo esto se ha acabado, Arrabal se ha acabado. Estamos en la época de las barritas energéticas. Creo que habría que volver a la provocación y si algo no sirve, decirlo. En España, en los medios escritos hay un terrible corporativismo.

¿Sufre de tedio?

Si, a menudo. Actualmente me refugio en la literatura, escritura y en la lectura, sobre todo en la lectura de textos antiguos.

¿Cuál es su visión actual de quienes ejercen la política?

En la transición, tras cuarenta años de dictadura surgieron una serie de personajes con los que se disfrutaba, teníamos hambre de libertad y comunicación… pero ahora y quizá ayudado por el disparate del bilingüismo autonómico, el nivel está muy bajo. Las entrevistas políticas o de partido, salvo honrosas excepciones, son insoportables. Cualquier actuación en el congreso, la oratoria, el léxico..., no hay contenido, ni ironía. Nadie sabe encajar las cosas y siempre se dice lo mismo; hay una gran pobreza conceptual.

Tomemos aire y apuremos que el tiempo y el papel nos amenazan. Una curiosidad, si somos lo que comemos ¿cuál es su alimento predilecto?

El chocolate es mi alimento. Es casi espiritual, orgiástico.

Tras reconocer a Henry Miller como el autor que le guió en la utilización de sexo en la literatura y hacer un repaso a su novela  autobiográfica, saldamos el encuentro con la inevitable despedida ¿cómo se lleva con la muerte?

Fatal. La muerte en sí, desaparecer, quizás no me preocupe tanto, pero sí el desmoronamiento final, la última etapa. Pienso mucho en el no ser. Lo más trágico es que el día que uno desaparece todo sigue. Eso es injusto; si yo muero usted también tendría que morir.

Una carcajada compartida subraya la despedida.

© CORAL PASTOR

31/10/2008

 

 

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