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Muy personal
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Nacido en Madrid en el año 1947, Alberto Valdelvira llegó al Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca en 1972 para colaborar con el Dr. Enrique Balcells, quien por aquel entonces era fundador y director del Centro Pirenaico de Biología Experimental y del Instituto de Estudios Pirenaicos.
La ganadería ha ocupado gran parte de su vida y ahora se enfrenta a los designios de la madre agricultura.
Agita la cucharilla del café y como si de una batuta se tratara hace sonar una grata sinfonía de palabras en “Adagio sostenuto”; arrancan las primeras notas.
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Cuando hace treinta y siete años llegó a Jaca ¿qué fue lo primero que le impactó?
Todo el entorno natural que le rodea. Entonces no se venía por Monrepós porque era una carretera endiablada. Cuando coronas el Puerto de Santa Bárbara entras en un precioso balcón, con los cortados de San Juan de la Peña a la derecha y todo el Pirineo como telón de fondo. A los jacetanos les resulta muy familiar, aunque son conscientes de todo el valor del entorno, pero quienes lo desconocen viven un gran impacto. Esa fue mi primera sensación.
Qué recuerda del Dr. Balcells?
Una persona tremendamente amable. Yo vine para potenciar e instalar cotos de caza pero en aquellos momentos no era rentable. Él siempre tuvo presente el aprovechamiento de los recursos naturales para la mejora de vida de los habitantes de la montaña; le preocupaba la economía y los sistemas de vida.
Corría 1972 cuando, por parte de la Administración al ver que proponíamos la recuperación de las razas autóctonas, se nos tachaba de idealistas. ¿Para qué queríamos recuperar estas razas habiendo otras que habían sido introducidas y que podían dar mayor rendimiento en carne y leche que la que daban las razas autóctonas?. Pese a ello nosotros recuperamos todo el ganado vacuno que hallamos en el Pirineo; encontramos muy poco, del orden de dieciséis hembras y machos ninguno. Conseguimos interesar a la Diputación de Huesca en la realización de un plan de expansión y mejora de la raza vacuna pirenaica y se firmó un convenio de colaboración para la venta a ganaderos de la provincia de Huesca.
Enríque Balcells estaba muy interesado en llevar a la práctica todas sus ideas científicas. Al no recibir ayudas desde las Instituciones y dada la lentitud de la burocracia, como él disponía de suficientes recursos se convirtió en un mecenas; organizó una empresa privada financiada por él mismo y me puso a mí al frente.
¿Que le han aportado casi cuatro décadas de contacto con la ganadería?
Una gran tranquilidad de espíritu y saber entender a la naturaleza, cosa que es muy difícil aprender detrás de una mesa de despacho. Piense que quienes vienen a disfrutar un fin de semana se encuentran con “todo hecho” y, por lo general, no llegan a la esencia de las cosas. Para llegar al alma de esa naturaleza hay que ver como se suceden las estaciones un año y el siguiente, porque son distintas…
No voy a decir que las relaciones humanas en el mundo rural son idílicas, porque no es cierto, en todas las comunidades existen sus rencillas, rencores…, pero sin embargo cuando una persona lo necesita, toda la comunidad te sabe entender y arropar, y en la ciudad eso es muy difícil.
¿Habla con los animales?
Siiii. (Se rie). Los animales tienen un lenguaje, tanto el vacuno como el ovino. Los mugidos hay que entenderlos, no todos son iguales. No es lo mismo el mugido de una vaca llamando a su ternero que ha dejado escondido mientras ella se ha ido a pastar; el ternero se queda quieto esperando inmóvil bajo una mata y sabe que no se tiene que mover. La madre le llama y el ternero le responde con un mugido de reconocimiento, distinto del caso en el que las vacas se llaman entre sí.
Cuando llega por primera vez una vaca a un rebaño lo primero que hace es mugir, y lo hace de otra manera distinta y las vacas le responden. También se crean entre los animales de un mimo rebaño lazos de afectividad intensísimos. Es extraordinario ir por el monte y entender el significado de su lenguaje.
  
¿Qué tenemos que aprender de ellos?
Los animales son enormemente jerárquicos y no es lo mejor para aprender de ellos. Esa jerarquía está fundamentada en la fuerza, lo que nos conduciría al hombre primitivo; el líder normalmente es el más fuerte.
En cambio, como sucede entre los humanos, hay momentos dolorosos; los animales tienen memoria. Una madre sabe que le van a separar de su ternero y por ello defiende mantenerse con sus crías. Cuando ya no están juntos las madres pueden pasarse seis, siete, ocho días llamando a sus terneros y los terneros llamando a las madres. Es duro, pero los sistemas de producción así nos lo imponen y no queda otro remedio, aunque se sufre.
¿Es difícil mantener una relación diaria con los animales, y más tarde tener que sacrificarlos?
Hay personas que sienten ese conflicto, pero se vive más desde la mentalidad urbana. En la vida rural estamos más en contacto con todos esos movimientos naturales, al igual que más preparados con la muerte. Sí, estamos más preparados en el mundo rural para enfrentarnos a la muerte que en la ciudad ya que estamos familiarizados a ver la muerte en cada lugar: en las plantas y en los árboles que se mueren, en los animales que se mueren.. Desde que nace un niño en un pueblo sus ojos contemplan y viven ese fenómeno de la muerte, y por ello no es tan dramático como puede sentirlo un niño en el mundo urbano, donde la única muerte que puede ver es la de otro ser humano que, para colmo, es más dramática y más traumatizante.
¿La agricultura le permiten mantener aficiones?
Tengo muchas aficiones, la principal es viajar. Todos los años salgo a otros países para abrir mi amplitud de mira. Viajar enseña a respetar las diferencias…. me encanta, y por supuesto hacer montaña. También el esquí que lo practico desde niño y el senderismo que, a medida que se cumplen años, se adapta mejor las posibilidades de cada cual. Me encanta la lectura, comer… más el pescado que la carne, quizás porque mi mujer es de puerto de mar y cocina muy bien el pescado.
¿Como se proyecta en lo social?
He tenido una vida pública intensa. Durante ocho años fui concejal del Ayuntamiento de Jaca y cuatro años Teniente de Alcalde, cuatro años diputado provincial, … creamos en Jaca un club de debate y opinión que se llamaba Falca del que hace cuatro años dejé la presidencia…
No le voy a preguntar porque feneció ese foro pues me temo que la respuesta daría para varios cafés, pero ¿no cree que falta crítica y autocrítica, faltan foros de opinión?
Creo que sería muy conveniente que volviera a existir este foro de opinión y que hubiesen corrientes de ciudadanos que supieran estructurarse y poder organizar actividades para poner sobre la mesa los problemas que vivimos día a día en la montaña, en nuestra comarca, como nos va a afectar el futuro que viene… Hay que moverse, el que no se mueve se lo lleva la corriente, hay que estar vivo siempre.
Parece que entramos en un escenario del que Alberto Valdevira conoce la exposición, nudo y desenlace.
Pide otra infusión y sube la intensidad de la conversación
¿Quién le ha decepcionado más en su vida política? ¿Se arrepiente de algo?
¿Enmendaría la reputación de algún chivo expiatorio? ¿Llegó a estar presente en algunos de aquellos foros del partido que más tarde se convirtieron en meras reuniones para la conspiración? ¿Con quien le gustaría tener un cara a cara, un duelo afable, para decir todo aquello que en otro momento no pudo, no supo o no quiso descifrar?
Su experiencia le hace transitar por el cuarto y último movimiento con el aplomo que caracteriza al hombre libre de cargas y gravámenes; concluye en un “Allegro energico e passionato"
© CORAL PASTOR
6/03/2009
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