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Si en la actualidad, en grandes y pequeñas ciudades el cielo es el gran olvidado, quizás a partir de ahora, una llamada de atención nos haga elevar la mirada a la noche oscura y conectar con un gesto ancestral, en parte perdido por la contaminación lumínica y la ruptura del hombre con la naturaleza.
Con la declaración, por parte de la UNESCO, como Año Internacional de la Astronomía, a buen seguro, se incrementará la atención por esta ciencia de connotaciones divinas.
En un breve despacho de la Universidad de Alicante, atiborrado de libros y artilugios, reproducciones de Leonardo Da Vinci…, Enrique Aparicio prepara sus programas para ilusionar a gente de todas las edades y organiza salidas nocturnas con sus discípulos, ya puestos en eso de mirar al cielo.
Ha creado un método propio para estimular a sus alumnos, investiga en cartografía histórica y cuenta con diversas publicaciones, aunque lo más destacable es la pasión que contagia para incitar miradas hacia la gran bóveda celeste.
Es además Presidente del Astroingeo de Alicante “Ciudad de las Estrellas”, desde donde realiza curiosas actividades.
¿Cómo se despertó su gusto por la astronomía?
Mirando algo que brillaba mucho en el cielo al atardecer. Al principio creía que era un avión, pero estaba siempre en el mismo lugar, a la misma hora. Yo tenía nueve años y lo pregunten la escuela; nadie me dio una respuesta. Seguí observándolo y al cabo de un mes desapareció. Con el tiempo, mi curiosidad me hizo concluir que era Venus que en su orbita alrededor del sol, dependiendo del periodo lo vemos al amanecer, al atardecer o no lo vemos.
¿El hombre actual ha perdido el placer por observar?
La sociedad, con tanta diversidad y entretenimiento, pierde la conexión entre el cielo y el ser humano. Necesitamos esa relación porque somos de esa materia, formamos parte de ella y estar en conexión es como reconocernos biológicamente.
¿Influyen los astros en nuestra vida, como pretende la astrología, o incide más el fogonazo de la alógena del paritorio que encontramos a nuestra llegada?
Los astrólogos caducaron en 1616 cuando Coopérnico manifestó que el sol era el centro del universo. Entonces la teoría geocéntrica desapareció. Luego Kepler, Galileo, Newton… corroboraron una ley por la que el sol es el centro del universo y no la tierra como, todavía hoy, pretende la astrología.
El griego Hiparco de Nicea midió con sencillos instrumentos un año llamado “Amor platónico” que dura 25.800 años. Para volver a la posición de la estrella le faltaban cincuenta segundos… El punto donde se unen la orbita de la tierra con el plano celeste se retrae cada año cincuenta segundos, de tal forma que desde que lo determinó, hasta ahora han pasado dos mil doscientos años… a razón de cincuenta segundos son casi veintiocho grados, una constelación.
Todavía hoy, la astrología comienza el veintiuno de marzo con Aries, cosa incierta pues se ha desfasado y lo haría con Piscis, de manera que mi opinión es que la astrología sirve para engañar a quienes se dejan, utilizando el vocabulario astronómico. Y esto no tiene nada que ver con la verdadera importancia y el gran conocimiento que había tras la astrología en la antigüedad.
¿Qué aporta la astronomía a nuestra vida?
Un contacto individual con el universo, una reflexión constante que te incita a pensar y una visión que te ayuda a minimizar, a relativizar los problemas… Es un aprendizaje constante y al tiempo una escena en la que te encuentras con gente de otros perfiles a los tuyos, atraída por la naturaleza. Con la astronomía aprendes a disfrutar y a entender los ciclos, cosa que te ayuda a entender incluso la muerte, tan temida en muchas culturas.
El tiempo se nos echa encima y decidimos desconectar la grabadora y mirar al cielo, así que queda una larga charla pendiente con Enrique Aparicio que continuará.
© CORAL PASTOR
Publicado en Fiestas para Viajar y Conocer - Enero 2009
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